Tips en el manejo de Síndrome de Burnout como profesionales y padres

Cuando se hace conciencia de un malestar

Anteriormente había escrito sobre el Síndrome de Burnout en donde lo reconocíamos por aquella sensación de agotamiento extremo que simula la sensación de estar quemado, desgastado, comprometiendo nuestra salud tanto física como psicológicamente y que termina generando un impacto social ya que el comportamiento y los pensamientos se distorsionan. Pero la pregunta que tú me hacías es la siguiente: ¿Sí me identifico con este síndrome que hago?

Recordemos que un síndrome es aquel conjunto de síntomas característicos de una enfermedad y que cuando hablamos de aspectos psicológicos es muy importante que este sea debidamente diagnosticado, evaluado y tratado, así que mi primera recomendación es que si anímicamente tu bienestar está comprometido no descartes la idea de acercarte a un psicólogo (a).

Pero a continuación te daré algunos tips que permiten disminuir el síndrome de Burnout.

  1. RESPIRA: Darte un espacio para ti y dedicarte a tiempo para hacer ejercicios de respiración, ayuda a disminuir el estrés y la ansiedad, lo recomendable es que te retires del lugar donde detectas que “Ya no puedes más”, aléjate y otórgate cinco minutos donde inhales y exhales y al mismo tiempo te hagas de un pensamiento positivo.
  2. HÁBITOS: Cambia tu rutina, cuando haces lo mismo siempre y de la misma forma no existe posibilidad de que observes, percibas cosas nuevas en tu medio, lo que genera que hagas las cosas por automático y sin pensar. Plantéate nuevos retos, nuevas actividades, nuevos aprendizajes, tu cerebro necesita detectar actividad y pese a que pensamos que es difícil tomar decisiones, estas son el mejor alimento para tu cerebro.
  3. COMUNICACIÓN. Cuando sentimos malestar, y estamos anímicamente inestables deseamos que los demás puedan entender como nos sentimos, lo cierto es que los demás no podrán adivinar o saber exactamente que es lo que sientes, hasta que lo digas, no tengas miedo de reconocer tus sentimientos y tus emociones, primero comunícate contigo mismo (a), para que una vez que tengas más claro lo que sientes no dudes en externar por lo que estás pasando e incluso pedir ayuda o comprensión.
  4. REPLANTEA: las metas y proyectos son esenciales para todo ser humano, y las expectativas que depositamos de nosotros mismos, en ocasiones llegan a ser inalcanzables y no por tu capacidad, sino por la forma en la que establecemos la meta. Replantea tus actividades en pequeños proyectos y metas a corto plazo, de esta forma te darás cuenta que son alcanzables y reconocerás tu esfuerzo.
  5. Divierte, juega, ríe: ve caricaturas, suelta los formalismos y permítete ser tú, juega, ríe, recuerda tu infancia, esa que seguro recuerdas con nostalgia y te dices a ti mismo (a) “Cuando nada me preocupaba” libérate de la preocupación y ocúpate de ti, no necesitas darte permiso de ser feliz por el contrario es una obligación de vida.
  6. NO TE RINDAS: EL síndrome de Burnout da la sensación de que todo lo que haces está mal, que no puedes tomar decisiones; recuerda que todo problema tiene más de una solución, evalúa cuáles son tus alternativas quizás hacer una lista de pros y contras te ayudara, busca una opinión externa, trata de ver las cosas desde otra perspectiva, permítete equivocarte y volver a intentar recuerda que caer te hace fuerte y te enseña a remontar.

Me permitiré también contarte que este síndrome se reconoce mucho en el área profesional pero también como padres podemos vivirlo, ser padre y madre es una actividad de tiempo completo e implica un alto compromiso y responsabilidad, por lo que resultado de ser padres experimentar impotencia, desesperación, incapacidad para disfrutar, frustración, es muy común y cuando esto no se atiende o no hacemos algo por modificarlo compromete el tipo de crianza que estamos llevando.

Así que ahora te daré otros tips que te permitan a ti Mamá y Papá disfrutar de tu rol.

  1. Date permiso de sentir: cuando te sientas mal, culpable, sensible, enojada (o), no reprimas, recuerda que las emociones que no externamos se acumulan lo que llega a tener un efecto negativo ya que estas en algún momento no podrás dominarlas por el contrario ellas pueden dominarte.
  2. Organízate: identificar tus actividades, te ayudara a identificar cuales tienen mayor prioridad, actividades siempre tendrás, y si al final día te faltaron muchas cosas por hacer no te castigues, no eres una súper Mamá, ni un súper Papá, replantea la jerarquía de esas actividades y si son prioritarias comienza tu día dando continuidad.
  3. Espacio propio: regálate un espacio y unos minutos para respirar, sentarte, relajarte y traer a ti un pensamiento positivo, generalmente como mamás el baño es tu mejor amigo, aunque no necesariamente el de tu hijo (a), por lo que puede ser que lo escuches hablandote al otro lado de la puerta, así que incluso un minuto puede ser el paraíso.
  4. Pide ayuda: si en algún momento sientes que no puedes más recurre a alguien, ya sea para que te cuiden unos minutos a tu hijo (a), para repartir las tareas del hogar, para que alguien te escuche. Pedir ayuda no es un signo de debilidad, es un propósito de fortaleza, piensa que si tú no estás bien, en algún momento colapsaras.
  5. Replantea conceptos y objetivos: la paternidad es un conocimiento activo, jamás dejaras de aprender, tu escuela son tu hijos, evalúa que tipo de madre y padre quieres ser y que tanto estos conceptos proyectan para ti y para tus hijos un bienestar. Lo que puede ser funcional para otros padres puede serlo y no para ti, que el objetivo de crianza de paternidad y de desarrollo que radique en casa se base en respeto, felicidad y humanismo, toma esto como base.

Recuerda que los niños aprenden viendo, contactando y explorando su mundo, Tú eres su mundo y ellos aprenderán a trabajar sus emociones de la misma forma en cómo se vivan en casa, un niño feliz refleja padres felices, Acéptate, Reconócete, y no seas un súper Padre, se una persona que vive cada uno de sus roles de la mejor manera.

“No podemos cambiar, no podemos alejarnos de lo que somos hasta que aceptamos lo que somos. Entonces el cambio parece llegar casi desapercibido”. Carl Rogers.

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